Democracia en Irak

Las elecciones celebradas en Irak no van a solucionar algunos de los grandes problemas a los que se enfrenta el país. Ni van a detener a los terroristas islámicos, ni van a arreglar el hecho de que las tres grandes fuerzas en juego sean alianzas étnicas o religiosas, más que políticas, y con una dimensión nacional todavía escasa. Pues bien, a pesar de todo más de un 62 por ciento de los iraquíes han acudido a votar y han podido elegir entre una pluralidad de opciones.

Vivimos en tiempos muy distintos de los de hace unos años, cuando parecía que la democracia liberal había vencido y estaba destinada a un triunfo arrollador. Hoy en día ni Rusia, ni China, ni los países árabes avanzan hacia la democracia. El proceso que se inició entonces está detenido… excepto en algunos países como Irak. Gracias a su propio esfuerzo, gracias a la intervención norteamericana y gracias a la estrategia que incrementó el número de tropas en el terreno, los iraquíes salieron de una dictadura bestial y hoy pueden moverse, hablar, escribir, estudiar, comerciar y rezar en libertad.

Al revés que muchos occidentales, que no saben lo que es una dictadura y flirtean con las tiranías (véase Cuba y Venezuela), los iraquíes no se pueden permitir la perversión moral de atribuir la violencia terrorista desencadenada en su país a Bush (ni a Blair, ni a Aznar). Los iraquíes saben bien quiénes son los responsable. Por eso acuden a votar y nos mandan una señal inequívoca de voluntad, de disposición y de fe. No contestaremos porque se ha impuesto una idea mezquina de la política interna, pero lo acabaremos pagando. ¿De qué nos hemos cansado?

La Razón, 13-03-10

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